Bueno, pues creo que ha llegado la hora de comentarios alguna que otra cosita del transcurso de mi viaje.
Antes de nada, quiero pedir disculpas a todas aquellas personas de las que no me despedí, pero prometo que los últimos días de estancia en Sevilla han sido de verdadera locura.
Como algunos saben, mi salida hacia Toronto no era desde España, sino desde Lisboa, ya que el billete era c
asi 500 euros más barato. Mis suegros se ofrecieron a llevarme y yo acepté gustosamente. Por otro lado, la noche en Lisboa la pasé en casa de mi amiga Beatriz.
Por la mañana, bien temprano, salimos hacia el aeropuerto, aunque el vuelo no salía hasta las 11:40 pero a las 09:00 ya estábamos allí, y menos mal !!! Después de una larga cola, al enseñar el pasaporte y el billete, le dicen que debería tener billete de vuelta y que así no podía viajar. Yo le explicaba que no lo necesitaba, pues mi marido tenía permiso de trabajo canadiense y le mostraba una copia del mismo. Y no se les ocurre otra cosa que decirme que tenía que llevar el permiso de trabajo original. Mi suegra por poco no se lo come, menos mal que estaba ella conmigo, porque yo tengo muy poco espíritu para estas cosas. Después de mucho tiempo esperando, consultaron con la supervisora y por fin me dejaron facturar el equipaje.
Ahora tocaba facturar a Huguito. Le di una pastilla, algo más de un cuarto, que me había recetado su veterinaria. Me explicó que era algo parecido a la biodramina, así que solo se quedaría relajado, no dormido.
Total, que el vuelo salía a las 11:40 y logré sentarme en el avión a las 11:20. El vuelo transcurrió sin incidencias, largo, aburrido, pero bien. Me dieron de almorzar algo indescriptible, que no me comí, pero luego de merendar trajeron una porción de pizza, que me tome con ganas junto con una coca cola. Por cierto, abren la lata de coca cola y la reparten entre dos personas, que cutrez!!
El gran miedo que yo tenía para el viaje, era no entenderme con los oficiales de inmigración, pero lo había pasado tan mal en Lisboa, que hablé en inglés como pude, conseguí mi visitor visa y me quedé tan pancha. Luego recogí el equipaje, recogí a mi Huguito, al que por cierto se le había pasado ya el efecto de la pastilla y tenía un cabreo monumental. Lo localicé de la que tenía formada llorando.
Cuando creía que todo había terminado, me encontré con que tenía que pasar por aduana, para declarar al perro, por el que me hicieron pagar la cantidad de 33'90 $.
Por fin me pude ir y tras recorrer dos o tres pasillos, abrí una puerta y me encontré con Borja esperándome y ya no aguanté más y me harté de llorar...
Nos hemos atravesado todo el país hasta llegar a Calgary, que es donde me encuentro ahora mismo. Ya colgué alguna que otra foto, pero tengo más, que os iré enseñando poco a poco. Esto es una maravilla.
Buenos días a todos, yo ahora, me voy a dormir.


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